|
Esta
foto de Brágimo es bellísima. Nos llevaría directamente el
arrobamiento de santa Teresa de nos ser porque en el coro, en vez
del ojo de dios, vemos el ojo de la cámara. Dos ojos de similar
consistencia, aunque es únicamente el de cámara el que todo lo
ve. En cualquier caso, la foto, barriendo a negro la parte
superior, podría ser la portada de un devocionario clariso o la
base para el mismísimo cartel de "Cervecita milagrosa".
Ya veremos, Bragi.
Lía
Chapman es la actriz que se esconde bajo el hábito, representando
el papel de Sor Kulinga...
|
Foto: Manuel Brágimo |
|
...
y Sonsoles Benedicto la actriz que hace el papel de Sor
Engracia. Ambas estuvieron geniales, cada una en su recorte,
en su peculiaridad interpretativa.
Desde
este apunte quiero expresar a ambas mi agradecimiento sin
reservas. Sonsoles, Lía, os amaré hasta la muerte, incluyendo
Schopenahuer y euro-luz.
|
Foto: Manuel Brágimo |
|
El
mágico ambiente de la ermita donde tuvimos la suerte de rodar,
favoreció ese juego de luces tan arcano. Por un momento temí que
apareciera Rembrand o Tiziano o Tintoretto... Pero no, claro,
Belén no los hubiera dejado pasar; les hubiera despachado con su
frase favorita: "A molestar a otro sitio, pesaos".
Lo
importante es que las dos monjas encontraron su ambiente y eso
favoreció enormemente el rodaje.
|
Foto: Manuel Brágimo |
|
Las
dos monjitas asomándose al portalón de entrada. La luz llega con
ellas a iluminar un interior/iglesa penumbroso, caldo vital del
cura borrachín.
|
Foto: Manuel Brágimo |
|
Últimos
consejos antes de rodar el plano del descubrimiento. Sonsoles
ensaya un gesto mientras Lía le hace al fotógrafo un corte de
toca.
|
Foto: Manuel Brágimo |
|
Pipo
y Xavi, nuestros eléctricos, en primer término. Juan y Andreu,
cámara, en segunda línea. Aurelio y yo, dirección, al fondo.
Tres idiomas para el mismo objetivo: plano a las monjas antes de
que cuelguen los hábitos (destino natural de todas las hijas de
dios y del carmelo).
|
Foto: Mar Ortega |
|
Sor
Kulinga y Sor Engracia repasan su texto mientras Pipo
se da una tregua mística de largo alcance.
¡Qué
buen tipo este argentino ligeramente sobrado de kilos y largamente
dotado de buen humor! Si tuviera que definirle lo haría con
sencillez, diría que es una persona excelente con guantes de
eléctrico y todo el sudor reunido de un convento de monjas kulingas.
Pipo, te quiero.
|
Foto: Mar Ortega |
|
Atención,
rodamos. ¡Acción!
Es
el momento en que las monjitas descubren el meollo de la
cuestión. ¡Bula, bula!
La
luz de la ermita de la Vera Cruz es espectacular. Yo había
previsto un poco de humo escénico pero en el último momento
decidí no incorporar nada ajeno al ambiente natural de ese lugar.
No en balde estuvo durante años protegido por muros de más de un
metro de espesor. Y esos pequeños detalles de más de un metro se
notan.
|
Foto: Mar Ortega |
|
Lia
Chapman vestida de monja. Uno mira y remira la figura
espectacular, bellísima de Lía Chapman y se pregunta en qué
mente perversa pudo entrar alguna vez la idea de vestirla de
monja.
Me
declaro culpable. En mi defensa alegaré que un buen día vi en su
mirada la inocencia y la súplica de todo el colectivo femenino
africano. Ya sé que Lía Chapman es dominicana y además
residente en New York y Madrid alternativa y consecutivamente, ya
lo sé, pero yo vi lo que vi. Y le propuse el papel. Y ella
aceptó.
Soy
el primero en determinar que su cuerpo, de medidas perfectas, lo
quisiera para futuros proyectos y hubiera agradecido tenerlo en el
presente, pero Sor Kulinga era el personaje perfecto para
la mirada de Lía, para la entonación de Lía, para la inocencia
que rezuma el rostro de Lía.
Espero
que ustedes sepan perdonar que les hurte un cuerpo perfecto a
cambio de darles un alma perfecta. Miren la foto de Mar Ortega,
alucinen... y reciten conmigo un tántrico kirieleison de
quinientas estrofas. Mientras tanto yo voy cortándome las
venas.
|
Foto: Mar Ortega |
|
Patricia,
María de Gracia y Beatriz inician la preparación de los santos
mártires, que se dejan. Claramente están en las mejores manos.
Miguel, Álvaro y Jorge se siente por unos momentos flotar en el
abismo celeste, como entre algodones, gravedad cero, a la espera
del hachazo. Miguel insiste en que la experiencia fue parecida a
levitación, aunque no llegó a explicarme cómo pudo establecer
la referencia.
En
cualquier caso, yo le creo. Un ayudante de producción metido a
trapecista de altar mayor, es creíble se mire por donde se
mire.
|
Foto: Mar Ortega |
|
|
|