Había llegado el
momento de utilizar la grúa y José Antonio maniobraba
peligrosamente... Tomé la decisión de
filtrar cuantas imágenes se tomaran del tinglado que montamos con
la grúa, para no afectar al contenido de la ficción. No me
arrepiento, aunque admito que sin duda ha de resentirse el EPK
final de nuestro rodaje. Quienes allí gozamos del momento de la
"botadura de excelsos" sabemos lo insólito del
espectáculo y lo peculiar del invento; y yo mismo, que probé la
medicina antes que nadie para dejar patente a los actores que era
inocua y no tenía efectos secundarios.
¡Ah, qué bueno volar...! |
Foto: Mar Ortega |
El combo de
campaña es casi siempre un ranchito parcheado de banderas y
rodeado de ceferinos. Y a veces es también el saloncito de casa
donde recibimos a los amigos que llegan de fuera para incorporarse
al trabajo. Manuel Talens había hecho
muchísimos kilómetros para estar a nuestro lado y meterse en la
piel del único personaje que en la ficción iba a verbalizar lo
sucedido. Desde el norte de Francia, mi
admirado y queridísimo amigo llegó a tiempo para ver cómo se
preparaba el cocido. A tiempo incluso de aparecer en la
figuración y bordar su papel. No así Katy, que llegó pero no
puedo estrenarse. I'm sorry. |
Foto: María López |
A la sombra se
estaba bien, a pesar del cansancio acumulado. Cien mil bocatas y
un millón de litros de agua, más o menos, para reponer fuerzas
en la penumbra de un parque acogedor denominado "el
Sotillo". |
Foto: Abbé Nozal |
La acción tiene
lugar sobre el puente, veinte metros al fondo, pero Katy, Rafael,
Manuel y Juan Miguel esperan turno de intervención al resguardo
de los árboles. |
Foto:Abbé Nozal |
Tomé esta foto
por su valor representativo. El equipo de cámara prepara el tiro,
encuadra, ajusta foco; Alex ultima reflejos y sitúa palios...
mientras los actores y el resto del personal ha huído a la sombra
de los castaños. Ya no falta nada para que
María grite "¡Rodamos en cinco minutos!" El
puente aparece aquí en toda la sublime y múltiple dimensión de
personaje, localización, plató. En la tipografía escenográfica
de Eric Rohmer, nuestro puente haría confluir en una sóla sus
tres categorías: pictórica, arquitectónica y fílmica. He
aquí una prueba curiosísima de la ambivalencia de la creación.
El puente como tal, en un sentido constructivo, en tanto obra de
ingeniería urbana y en tanto obra de diseño ergonómico, es una
cagada, una inmensa cagada cuyos responsables políticos todavía
no se han atrevido a inaugurar. Sin embargo, desde el punto de
vista cinematográfico, cumple absolutamente con todo el
significado dramático y expresivo que requiere la ficción, hasta
tal punto que nosotros sí nos hemos atrevido a inaugurarlo. En
fin, si no lo digo, reviento. Haciendo amigos. |
Foto: Abbé Nozal |